Este era el planteamiento que se defendía en la conversación del vestuario. Entonces, me pregunté, cuál sería la solución kantiana. No me resultaba sencillo, hasta que caí en la cuenta, y apelando al imperativo del deber y de responsabilidad, se me ocurrió que lo adecuado sería que los responsables de la situación de esta central nuclear serían los que tendrían que apechugar con la situación.
¡Qué curioso!, hace un par de días unos banqueros (no olvidar que la economía gobierna nuestro mundo) corrían a pillar jets privados, para abandonar el país, ¿harán lo mismo los políticos, los técnicos y los sabios? ¡Eso!, que se salven aquellos que puedan levantar el país en un futuro. ¿El resto?, ...
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